Está en: Encanto Rural » Artículos

[Volver]

La subida a la Cima de El Palo

5 de Enero 2010 Autor: Ramona Suarez Parellada
La subida a la Cima de El Palo
La subida a la Cima de El PaloLa subida a la Cima de El PaloLa subida a la Cima de El PaloLa subida a la Cima de El Palo

LA SUBIDA A LA CIMA DE EL PALO
Una de nuestras excursiones para conocer el entorno que nos rodea fue la subida al Palo. Como ha venido siendo habitual, una vez más le pedimos a Ángel, que nos llevara a la cima de El Palo. Angel nos dijo que era uno de los lugares más hermosos de esta parte de la Serranía y que con gusto haría de guía una vez más.
Quedamos en salir a las ocho de la mañana. Posteriormente nos distribuimos todos y todas en tres coches y salimos pitando.
Con la mochila llena de aquello que podríamos necesitar –se había preparado una bolsa de picnic para cada uno- y recomendado que lleváramos nuestros bastones de montaña, iniciamos la ascensión una vez dejados los coches debidamente aparcados en la pista forestal bajo la fuente del Saucillo.
Comenzamos a subir por un sendero zigzagueante y después de algún despiste -debido a lo poco transitado que está- llegamos hasta el collado. Conforme se va subiendo se puede contemplar el valle del Pozuelo, poco a poco, y a esa hora de la mañana, era impresionante. Pero ahí no acababa la cosa. Arriba, abrimos la angarilla y pasamos al otro lado. Se nos enseño la otra vertiente de la Sierra del Palo, hacia el valle del Guadiaro. Estábamos arriba del collado y soplaba mucho el viento, así que desistimos de desayunar y nos dirigimos hacia las Pilas de Tunio. Nuestro guía conocía bien la zona y nos aseguró que allí estaríamos a cubierto del fuerte viento. Menos mal que íbamos bien abrigado y Angel no nos dejo pegar el culo al suelo.
Desde aquí, el paisaje no tiene apenas vegetación, y se dan todas las formas del karst, como las dolinas, lapiaces, sumideros, etc. pudiéndose contemplar la posición de los estratos calizos –casi horizontales- como en el Torcal de Antequera. Podíamos, desde arriba, ver todas las montañas de nuestro alrededor y a lo lejos la meseta de Ronda. Pronto, después de que alguno protestara quejumbroso, llegamos a las Pilas del Tunio.
Allí buscamos un lugar protegido –bajo la cara del Tunio- y nos preparamos a degustar cada uno su bocadillo, beber agua y reponer fuerzas. Alguien observo que Angel había preguntado quien querría un café. Y este, sacando un pequeño infiernillo de alta montaña, reducido y muy ligero, se preparo un café con leche que compartió con todos nosotros.
Desde las Pilas del Tunio se divisa la cima del Palo y su punto geodésico. Nuestro guía nos llevo a otro sitio antes de partir, rodeando las Pilas. Vimos el Cortijo de Libar desde lo alto y las pilas excavadas en la roca horizontales que se atribuyen a la recogida del agua y hielo labor que se hacia hasta principios del siglo XX.
Después de que Auxi perdiese su bastón de montaña, continuamos un buen trecho, hasta llegar al punto desde el que a nuestro regreso, bajaríamos hasta la casa existente en el Llano de Libar, frente a la toma de agua contra. Ángel nos dijo que tomásemos referencia del sitio, pues así evitaríamos volver por donde habíamos venido. También nos enseñó sus referencias para tomar el camino hasta la cima – una serie de arbustos majoletos que discurren hacia arriba y separados unos de otros, unos cien metros de distancias, aprovechando una serie de terrazas naturales. Atacamos la cima por un lugar lleno de juntos y llegamos arriba.
El paisaje es tremendamente bello, tanto como la ilusión de haber llegado.
Desde el Palo pudimos contemplar, siguiendo las agujas del reloj, la Sierra de Libar y Mojón Alto, tras ella la Sierra del Caillo y el Navazo Alto, la del Endrinal con los picos del reloj y el Simancon, tras ellas la Sierra del Pinar con el San Cristóbal, al oeste la Sierra de Juan Diego y el pico del ventana, la Sierra de Las Nieves, el valle del Guadiaro y la Sierra de los Castillejos, la Sierra y peñón de benadalid, los Reales y la Sierra del Aljibe y junto a nosotros Sierra Blanquilla y el pico de Martín Gil, la Sierra de los Pinos y el Peñón de Libar. A lo lejos con días claros y limpios, se puede ver Gibraltar, Sierra Nevada, el Maroma y algunos hitos geológicos más.
Después de disfrutar de lo lindo un buen rato y darle un bajón a nuestras viandas y descansar comenzamos el regreso. La primera tirada hasta el lugar donde Angel nos dijo que tuviéramos en cuenta si alguna vez subíamos sin él. Dejamos atrás el camino que lleva a las Pilas del Tunio y comenzamos a bajar por una ladera de fuerte pendiente, bordeándola hasta una valla de piedras. Cruzamos el llano que rodea la valla y tomamos un sendero hasta ver y contemplar los Llanos de Libar. Continuamos bajando y llegamos a una pequeña vertical por un sendero angosto situado justo detrás de la casa si miramos desde el llano. Una vez allí vimos donde estaba la angarilla y salimos al sendero que nos llevó al Cortijo de Libar y desde aquí a donde habíamos aparcados los coches. Al llegar constatamos que mereció la pena el esfuerzo.

¿Qué te ha parecido este artículo?

0.0 / 5  (0 puntos, 0 votos)
Autor: Ramona Suarez Parellada (más artículos)

Propietario de: